Aunque el dinero es una parte central de la historia del progreso humano, no lo es todo: una mejor salud y el aumento de la esperanza de vida son incluso más importantes.  Por ello el premio Nobel de economía de 2015, Angus Deaton, dice no respetar las fronteras de las disciplinas académicas para aventurarse en la medición del bienestar en su libro The Great Escape. Health, wealth and the origins of inequality.

El comienzo de la gran evasión (huyendo de la miseria) de la humanidad comenzó hace 250 años y con el crecimiento económico se puso en marcha la desigualdad internacional de la riqueza. Por supuesto que la correlación entre esperanza de vida y pobreza está lejos de ser exacta: hay países ricos que viven peor que lo que indica su nivel de renta. El análisis de la correlación entre renta per cápita y esperanza de vida de los países pone de manifiesto que hasta los 70 años es muy estrecha y a partir de este punto (donde se sitúa China) va disminuyendo. Examinando a escala logarítmica la relación entre las citadas magnitudes se puede observar que existen países con esperanza de vida por debajo de su nivel de renta (como Estados Unidos) y otros que, al contrario, disfrutan de una esperanza de vida mejor que su nivel de renta como Costa Rica o Chile. Desde 1960, tras la catástrofe maoísta en China, que consiguió que la esperanza de vida de 50 años en 1958 descendiera a 30 en 1960, casi todos los países han mejorado su riqueza y su esperanza de vida, al tiempo que el mundo es más libre hoy que entonces. El rápido crecimiento de China y la India no solo ha posibilitado la gran evasión de centenares de millones de seres humanos; ha hecho posible también un mundo menos desigual. Con la dramática excepción de África (que está viviendo, no obstante, ahora una etapa de gran crecimiento), la pobreza extrema del mundo ha pasado del 40% en 1981 al 14% en 2008, y sigue disminuyendo.

Según una encuesta mundial de Gallup sobre la felicidad de la gente, Deaton observa que, conforme crece la renta per cápita, aumenta el sentimiento de felicidad, pero no de manera lineal: hasta los 3.000 dólares el crecimiento de la felicidad supera al de la riqueza; entre los 3.000 y los 15.000, la felicidad no crece con la riqueza, y a partir de esta última cifra, vuelve a crecer, pero más despacio que la riqueza.

Los avances médicos no explican por completo el aumento de la esperanza de vida: una mejor formación y una elevada renta también ayudan. En los países pobres una buena educación puede ser la razón más importante de la mejora de la salud.

Desde 1950 se observa una clara convergencia en la esperanza de vida de todas las regiones del mundo. Y en las regiones pobres existe una clara correlación inversa entre crecimiento económico y mortalidad infantil.

La renta y la salud son los dos componentes más importantes del bienestar y ambos están muy relacionados con el proceso de integración del mundo operado durante el último medio siglo gracias a la globalización.

La reducción de la desigualdad global en esperanza de vida no significa que el mundo sea automáticamente un lugar mejor, porque la longevidad no captura todos los aspectos de la salud.

Cita Deaton al demógrafo David Lam, quien identifica las claves de la prosperidad global con las tasas de crecimiento de la población y enfatiza el éxito de la economía mundial al responder al desafío del crecimiento de la población.

¿Qué nos deparará el futuro? Hoy sabemos que la violencia es cada vez menor, que la ciencia sigue trabajando bien, como resultó con el sida, que la democracia sigue extendiéndose por el mundo, que la opresión de unos grupos sociales por otros es cada vez menos usual, que la gente tiene más grandes oportunidades de participación en la sociedad que nunca, que somos cada vez mas altos y probablemente inteligentes, y que la educación sigue en ascenso en todo el mundo.

El libro, tan necesario como recomendable, ridiculiza con sobrados datos el apogeo del populismo izquierdista, aunque su principal tesis (“el dinero no lo es todo en la vida de la gente”) sugiere una réplica tomada del también Nobel Milton Friedman, quien sostenía que una mayor riqueza aumenta las posibilidades de elección de la gente y, por consiguiente, de optar libremente por lo que a cada uno le parece mejor ¡para él!

 

twitter_icon_box