Afirmaba Karl Popper, allá por 1984, en su libro En busca de un mundo mejor que “nuestra época es  la mejor de que tenemos conocimiento histórico”. La reflexión popperiana sigue estando vigente en nuestro tiempo porque el mundo de hoy, superando las mas optimistas previsiones, presenta unos logros tan formidables como los reseñados por  Johan Norberg en su ProgressTen Reason to Look Forward:

Nutrición. Entre 1945 y 2015 la población desnutrida del mundo se dividió por cinco; del 50% pasó al 10%. Entre 1961 y 2009 las tierras cultivadas se incrementaron un 12%, mientras que la producción se multiplicó por tres.

Agua & Sanidad. En el periodo 1980 2014, el acceso al agua potable  pasó del 50% a más del 90% de la población mundial y las redes sanitarias se extendieron del 25% al 70%.

Esperanza de vida. En el último siglo se duplicó, pasando de poco más de 30 a 70 años; y entre 1960 y 2010 ganó veinte años. Desde 1950 la esperanza de vida ha crecido mas que en dos milenios.

Pobreza. Si a comienzos del siglo XIX el 90% de la población mundial era pobre –ingresos diarios entre 1 y 2 $– en 2015 se había reducido a menos del 10%.  En los últimos 25 años se dividió por cinco.

Violencia. La democracia –el voto popular– es enemiga de la guerra. El terrorismo es espectacular, pero sus víctimas son muy pocas.

Medio ambiente. La pobreza no mejora el medio ambiente (Indira Gandhi). La polución en el Reino Unido se ha reducido en dos tercios entre 1970 y 2015; lo mismo que en USA entre 1980 y 2014. En Europa los bosques han crecido más de un 0,3% anual desde 1990 hasta 2015. Las reservas de todos los recursos que el Club de Roma consideraba  en descenso se han incrementado, algunos cuatro veces.

Analfabetismo. Entre 1820 y 2010, la tasa de analfabetos ha descendido desde el 90% al 10% de la población mundial. Las mujeres, las más beneficiadas.

Libertad. Si en 1800 había 60 países con esclavitud, en el siglo XXI no hay ninguno. En 1900 no había un solo país con democracia –un hombre o mujer, un voto–; en 1945 ya había un 31% de población mundial con derecho a voto y a comienzos de este siglo ha alcanzado el 58%. Se ha avanzado en las últimas dos décadas más que en dos milenios.

Igualdad. Hacia 1950, solo el 5% de los americanos aprobaban matrimonios interraciales; en 2008 ya alcanzaba el 80%. El derecho de voto de las mujeres comenzó en 1944 en Francia, en 1947 en Italia y en 1971 en Suiza. Hoy solo Arabia Saudita y el Vaticano lo excluyen. Los matrimonios homosexuales están cada vez más extendidos en el mundo.

Nuevas generaciones. El trabajo infantil ha pasado de casi el 30% al 10% en el mundo entre 1950 y 2012; en Vietnam ha pasado del 45% al 10% entre 1993 y 2006. Con un móvil en el bolsillo de todos los jóvenes el futuro les pertenece.

En contra de los profetas del pesimismo, desde tiempos de la primera revolución industrial en Inglaterra hasta hoy, la población, los puestos de trabajo, la riqueza total y la renta per cápita del mundo no han hecho sino aumentar simultáneamente a la adopción de las innovaciones tecnológicas y la extensión de los marcos institucionales –la economía de mercado– que han generado una economía tan global como positiva.

El mundo es incuestionablemente mejor de lo que ha sido nunca, y lo mismo puede decirse de nuestro país –a pesar de los agoreros- por muy duras que hayan sido las consecuencias de la crisis económica o la emergencia de la crisis catalana; y he aquí porqué:

  • Contamos con la más longeva y consensuada constitución de nuestra historia.
  • Disfrutamos de una esperanza de vida, un sistema de salud y un estilo y calidad de vida entre los mejores del mundo.
  • La igualdad de oportunidades, derivada del acceso universal a la educación, y la protección social sondel máximo nivel.
  • Las infraestructuras físicas –carreteras, ferrocarril, puertos, aeropuertos- y tecnológicas –despliegue de redes avanzadas de telecomunicaciones- nos sitúan como líderes mundiales.
  • Nuestra economía crece, crea empleo y converge con la UE,salvocuando caemos en tentaciones populistas.

Y podemos seguir mejorando: en calidad institucional, en control del gasto público, en racionalidad administrativa territorial, en industrialización y productividad. Tenemos muchas razones para mirar con esperanza el futuro, aunque al igual que sucede en otras partes de Europa, nacionalismos y populismos conspiren contra nuestras legítimas ambiciones.Unos y otros aspiran explícitamente a acabar con nuestro sistema constitucional, que es precisamente el que nos ha permitido llegar a nuestra descrita situación y poder mejorarla.

Llegados a este punto,  lo que está en juego no son sólo nuestros mas preciados logros materiales, también nuestros principios civilizadores que tanto recorrido siguen teniendo. Es la libertad y la responsabilidad personal frente a un Estado ya  desmesurado y que pretenden llevar aún más lejos hasta hacerlo omnipresente e imposible de sostener y por tanto de conciliar con aquella. Es el respeto escrupuloso de la ley frente a la incivilizada politización de su uso. Es la democracia incardinada en el Estado de Derecho y no una arbitraria “performance” al gusto populista. Es la igualdad de los preceptos legales y de las  normas de conducta social, la única compatible con la libertad. Es la ley natural y el orden moral que regulan nuestras conductas frente a la ingeniería social del Estado que tantos estragos ha causado y sigue causando.

Es por tanto nuestro acervo cultural, es decir  nuestro sistema de reglas y valores que nos ha traído hasta aquí, lo que quieren cuestionar  y destruir los populistas de izquierdas junto con los nacionalistas para reinar sobre el desorden consecuente. Pero somos inmensa mayoría quienes estando en contra de la deconstrucción de nuestro orden moral y nuestro sistema político debemos posicionarnos claramente para defenderlo de sus enemigos.

Las futuras generaciones de españoles nos acusarían con razón de cobardía moral si no somos capaces de defender con buenas razones lo que tanto nos ha costado conseguir.Vivimos en el mejor mundo conocido y en la mejor España nunca vista; algo que conviene recordar para no caer en trampas negociadoras –sin “luz ni taquígrafos”-  de supuestos consensos apaciguadores.

Los enemigos de la sociedad abierta son igual de amenazadores  ahora que el tiempos de Popper y la búsqueda de un mundo mejor no se puede ni debe hacer a costa de la destrucción del mejor mundo que hemos conocido.

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