Tanto tiempo clamando por la libertad y al cabo de apenas cuatro décadas de haberla conseguido con una plenitud incuestionable, hete aquí que muchos españoles incluidos –muy particularmente- los independentistas y populistas andan huyendo de ella para aventurarse hacia mundos políticos totalitarios caracterizados por la ausencia de libertad y desastrosos resultados económicos y sociales.

Pero además de este miedo político a la libertad que tan canónicamente analizara Erich Fromm en su muy acreditado tratado* del que se ha tomado el título, la libertad económica en España también se encuentra de retirada, según el sistemático y riguroso análisis que  desde 1970 viene haciendo de la economía mundial el FRASER INSTITUTE, de libre acceso desde Internet.

Edición tras edición, dicha institución acredita con argumentos empíricos que la renta per cápita media de los 39 países que gozan de más libertad económica duplica la de los segundos 39, que a su vez duplican la del tercer grupo y la de estos a los restantes hasta llegar al último, el 159, posición que ahora ocupa Venezuela.

Las tasas de crecimiento económico también se encuentran positivamente relacionadas con la libertad económica. Para el periodo 1990-2014 el estudio pone de manifiesto que el crecimiento medio anual de los países más libres fue del 3,63%, frente al 2,89%, 2,86% y 1,56% de los referidos grupos siguientes.

La libertad económica también favorece la renta de los más pobres: el 10% de los más pobres del primer grupo disponía en 2014 una renta de 11.283$ frente a 4,504$, 2.210$ y 1.081$ de los siguientes grupos de países.

La esperanza de vida, como consecuencia de todo lo dicho, también está asociada con la libertad económica: 80,4 años de media en los países más libres, por 75,1, 69,3 y 64,0 en los demás grupos de países.

¿Y como se posiciona España en este ranking? La respuesta es más bien negativa, sobre todo desde 2008, año en el que por primera vez abandonamos el grupo de referencia de libertad económica –los 39 países más libres del mundo– para engrosar con el número 49 acompañados de Francia (57)  e Italia (69) el segundo grupo de países  menos libres; evolución  que se corresponde con la decadencia de las tres economías.

En el último año objeto del estudio la puntuación máxima –sobre 10– fue de un 9,03 puntos y el país 39 alcanzó 7,45, correspondiendo a España un 7,38. En el cuadro que sigue se puede observar la evolución de España y comprobar que la mejor posición relativa se produjo en 1970 y más tarde en 2004, mientras que las puntuaciones mayores se dieron entre 2003 y 2005.

Una interesante conclusión del estudio se refiere al hecho de con más puntos se pueden perder posiciones en el ranking, ya que es dinámico y por tanto refleja los movimientos simultáneos de todos los países de suerte que en los últimos años los países que más han liberalizado sus economías han desplazado a los que no lo han hecho.

Gráfico
Gráfico J.B.

Con la salvedad del año 2011, España ha ido perdiendo posiciones en el ranking como se observa en el gráfico mientras que la puntuación anual ha venido decayendo desde 2004.

La descomposición de la puntuación agregada de España para 2014 da su mejor nivel en “solidez de la moneda”(9,8) –el euro-, seguida del “mercado de crédito” (9.0) y  “libertad de comercio exterior” (8.0). Las peores puntuaciones  parciales las obtienen el “mercado laboral” (5,5) –con la posición relativa nº 118– el “tamaño del Gobierno” (5,5) –posición relativa 113- y la “regulación de los negocios” (6) –posición relativa 127-.

Frente a la solidez argumental de base empírica que aporta el instituto FRASER, no se conocen argumentos en contra; sólo se experimenta un tácito miedo social a la libertad económica animado por ideologías periclitadas por la historia que es asombroso que se extiendan cada vez más por ayuntamientos, comunidades autónomas y gobierno de la nación.

En una economía globalizada los ranking de competitividad institucional cobran cada vez más importancia, hasta el punto de formar parte de las preocupaciones de los gobiernos no tanto por mejorar –que también– su reputación internacional sino y sobre todo porque cuando están tan bien hechos como el FRASER orientan muy bien las políticas que sirven al crecimiento a largo plazo de las economías.

Pero aquí y ahora, en España, es excepcional escuchar noticias políticas –sólo tímida y circunstancialmente al ministro de Economía- relacionadas con nuestra libertad económica, que tan decisivamente afecta a nuestro provenir.

¿No sería razonable que se abriera un debate parlamentario para discutir de todo ello –obstáculos y facilidades a nuestro quehacer económico- y por tanto, de la prosperidad económica y por tanto social de España a largo plazo, en vez de seguir cultivando sin fin el miedo a la libertad?

*Fromm, Erich (1941): El miedo a la libertad

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