Se atribuye tanto al lugarteniente de la propaganda comunista al servicio de Lenin y de Stalin, Willi Muzenberg, como al ministro de propaganda de Hitler, Paul Joseph Goebbels, la conocida y terrible frase: “Una mentira mil veces repetida se convierte en verdad”, algo que más tarde corroboraría la ciencia neurobiológica y que incluso los nacionalistas españoles utilizan sin rubor. Aquí hemos padecido durante siglos un mentiroso descrédito, que a fuerza de ser repetido ha terminado por ser asumido no solo por nuestros enemigos exteriores y gentes malinformadas sino por nosotros mismos, incluidos muchos intelectuales tan poco rigurosos como mal pensados. Pero lenta, seria y progresivamente comenzamos a disponer de un verdadero arsenal de argumentos (en gran parte, recientes y de origen extranjero) que es hora de exhibir y utilizar, no solo para desmentir las falsedades que nos atribuyen, sino sobre todo para reivindicar la extraordinaria grandeza de nuestra nación (y sus contribuciones sin igual a la forja de la civilización occidental), como patria cultural de los grandes logros sociales y económicos de la humanidad.

Aunque el catálogo de publicaciones es ya muy amplio me referiré a aquellas que considero esenciales y suficientes para despertar el interés y el orgullo de ser españoles, que como veremos son muy convincentes. La mejor antología en defensa de la civilización española (por su amplitud y profundidad) salió a la luz recientemente con el descriptivo título Imperiofobia y leyenda negra (2016), escrita por María Elvira Roca, de la que extraemos la mayor parte de los desmentidos y logros que se describen a continuación. Comenzando por la expulsión de los judíos de España, que fue más tardía y en mejores condiciones que en el resto de países europeos, porque aquí podían quedarse previa conversión, y si se iban tenían derecho de enajenación de sus bienes, con la conclusión final de que su marcha apenas impactó a la economía española. El renombrado y prestigioso Renacimiento fue posible gracias al Imperio español, no a pesar de nuestro país. La Italia española se desarrolló (crecimiento de la población y de las infraestructuras) mucho más que Venecia o Florencia. El protestantismo dinamitó la unidad europea, inventó la propaganda mediante libelos mentirosos y zafios, expolió la propiedad privada de los católicos mediante la violencia y las armas, y creó la monarquía absoluta política y religiosa. Para el gran historiador del pensamiento M. N. Rothbard, “frente a tal concepción política que prescindió del derecho natural que permitía criticar las actuaciones despóticas del Estado, el pensamiento escolástico español defendía la limitación del poder real y la división de poderes”. La supuesta tolerancia protestante se explica mal cuando sabemos que hasta 1860 en Inglaterra, Suecia, Dinamarca y Noruega los católicos y otras confesiones eran objeto de la confiscación de sus bienes y el exilio forzoso. El fracaso de la Armada Invencible fue seguido de otros intentos ingleses de derrotar a España, con muchos más recursos, en la península ibérica, Cartagena de Indias, México y Argentina. En todos ellos España venció brillantemente con mucha más destreza militar que medios, siempre inferiores a los de los británicos.

Sobre Shakespeare se sabe muy poco (a diferencia de sobre Cervantes) quizás porque era católico en una Inglaterra donde los seguidores de esta fe estaban perseguidos. Nunca pudo “salir del armario” y, a diferencia de sus colegas europeos, jamás asumió la leyenda negra, llegando a crear un personaje para criticar al traidor Antonio Pérez, uno de sus padres.

La famosa hambruna irlandesa, que tantos muertos causó, no fue debida a una mala cosecha de patatas, sino a una deliberada y trágicamente exitosa política de la anglicana Inglaterra contra la católica Irlanda. La Inquisición fue creada en Francia, para mucho tiempo después llegar a España. Con datos fidedignos de todos los casos juzgados en España entre 1540 y 1700, hubo 1.346 condenas (no ejecuciones) a muerte y en toda Europa (incluida España) no llegaron a las 3.000. En cualquier país protestante estas cifras son irrisorias comparadas con sus ejecuciones al margen de la ley. Galileo no fue torturado por la Inquisición y “Eppur si muove” es una frase inventada en Londres en 1757. Sin embargo, Lavoisier (padre de la ciencia química) fue guillotinado en Francia porque, según su sentencia, “la Revolución no necesita químicos ni científicos”. Los últimos estudios registran la quema de 500.000 brujas en Europa, de las que a España corresponden 27. La leyenda negra, que tuvo diversos frentes propagandísticos (Italia, Alemania, Holanda, Inglaterra, Francia) utilizó los mismos métodos y medios que Willi Müzenberg cuando organizó (con éxito hasta hoy) el monopolio de “la cultura” al servicio del comunismo.

La América hispana disfrutó de un virtuoso desarrollo: vías de comunicación que vertebraron el continente, ejemplar ordenamiento urbano de las ciudades y amplio despliegue de hospitales. En Lima, uno por cada 101 habitantes, una cifra mejor que las actuales de Estados Unidos. Se fundaron en América más de 20 centros de educación superior y, hasta la independencia, salieron de ellos 150.000 licenciados de todos los colores, castas y mezclas. Ni portugueses ni holandeses abrieron nunca universidad alguna en sus imperios. Hay que sumar la totalidad de las universidades creadas por Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia en la expansión colonial de los siglos XIX y XX para acercarse a la cifra de las universidades hispanoamericanas durante la época imperial. El tristemente famoso fray Bartolomé de las Casas tuvo poca experiencia y era poco leído, pero inventó barbaridades al gusto de los enemigos de España. Estaba a favor de los sacrificios humanos de los aztecas y de la esclavitud de los negros. Su libro carece del más elemental rigor histórico. Fue Antonio de Montesinos un personaje grandioso. Sermoneó con éxito en Santo Domingo y por suscripción popular pudo viajar en 1511 a la Corte española y hablar con Fernando el Católico (¡colándose en sus aposentos y siendo atendido!) para convencerle de que los indios eran seres humanos con los mismos derechos que los españoles. Casi dos siglos después, los ilustrados Montesquieu y Jefferson se atribuyeron (en virtud de un ridículo adanismo) lo que España había sancionado legalmente con tanta antelación.

La frenología (puro racismo científico creado en la segunda mitad del siglo XVIII por Franz Joseph Gall y adoptada con trágico éxito por Hitler contra los judíos) sirvió de base para establecer que España era un país de “degenerados” por razones genéticas, lo que justificaba su decadencia. Joaquín Costa y José Ortega y Gasset fueron activos seguidores de esta siniestra escuela de pensamiento… ¡junto con la generación del 98! En su Historia Natural, el conde de Buffon (1707-1788) consideraba que América es un continente degenerado. La teoría de la degeneración no es una nota a pie de página de la Ilustración, sino uno de sus pilares. Sostenía Montesquieu en El espíritu de las leyes como “natural y beneficiosa la servidumbre natural de los indios y otras razas inferiores que habitan las zonas cálidas del planeta”. Voltaire ataca con saña el catolicismo y el judaísmo con criterios racistas “científicos” y sus ideas campaban universalmente por escuelas, universidades, tertulias y salones.

Los padres escolásticos (principalmente salmantinos) “fueron los precursores de la ciencia económica contemporánea, anticipándose casi dos siglos a Adam Smith, e incluso superándolo doctrinalmente”, según Joseph Alois Schumpeter, que calificó de “fundadores de la economía científica” a los teólogos de la Escuela de Salamanca. Para Friedrich Hayek, “los escolásticos españoles del siglo XVI fueron unos notables anticipadores” de la llamada ciencia lúgubre, y además, “elaboraron las primeras teorías modernas de la sociedad, luego sepultadas por la marea racionalista del siglo siguiente”. Para Robert Goodwin en su España, centro del mundo 1519-1682 (2015), el mayor imperio de la historia supuso una gran colisión entre lo viejo y lo nuevo, de descubrimientos intelectuales y espirituales, de grandes experimentos políticos y sociales que culminaron en el siglo de Oro. Arndt Brendecke, en Imperio e información (2009), glosa la “entera noticia”, lema que encabezó las reformas políticas españolas en tiempos de Felipe II orientadas a recabar y organizar la informació’n y el conocimiento de los dominios hispanos. ¿Alguna nación a lo largo de la historia puede presumir de un archivo como el de Las Indias? Es hora de despertar de nuestro letargo y abandonar para siempre injustificados complejos de inferioridad mientras asumimos nuestro incuestionable genio histórico, que está lleno de aventuras, conquistas y descubrimientos civilizadores que son imprescindibles para entender el mundo tal cual es hoy.

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