Está de moda “ser como Dinamarca” y alejarse todo lo posible de “ser como Grecia”. Ambas opciones son realmente posibles para España, según que actuemos de un modo u otro: haciendo las cosas razonablemente bien como los nórdicos o deslizándonos con medidas populistas hacia el triste ejemplo helénico.

La frase “ser como Dinamarca” es tan perspicaz y oportuna como “el fin de la historia” que alumbrara hace un cuarto de siglo el mismo autor: Francis Fukuyama. En su último libro Political Order and Political Decay. From the Industrial Revolution to the Gobalization of Democracy” (2014), no defiende tanto imitar a la Dinamarca actual como su trayectoria hacia una sociedad próspera, democrática, segura, bien gobernada y con baja corrupción, lo que se consigue con una burocracia subordinada al interés general –no politizada, por tanto- compuesta por técnicos competentes, operando con una clara división del trabajo, reclutados exclusivamente por méritos profesionales.

Dinamarca, es el cuarto país más rico del mundo con una renta per cápita que casi duplica la española. Allí no existe el salario mínimo, las empresas apenas pagan cuotas de seguridad social, la negociación colectiva en las empresas está descentralizada y el despido tiene un coste mínimo. La fiscalidad global es alta, siendo muy elevada la del consumo –el IVA- y menor en términos relativos la de la renta, mientras que las empresas disfrutan de bajos impuestos.

Los daneses son ricos porque facilitan fiscalmente y laboralmente la vida de las empresas, que de este modo crean más riqueza y empleo:

  • Los elevados impuestos indirectos operan como aranceles que favorecen la industria nacional frente a las importaciones.
  • No tienen cuotas a priori de seguridad social que penalicen los costes empresariales, lo que mejora su competitividad.
  • La descentralización de la negociación laboral colectiva facilita la adaptación de todas las empresas a sus mercados, mientras que las nuevas empresas no se ven obligadas por acuerdos de las viejas y grandes que limitan su competitividad.
  • Los costes de despido son muy bajos lo que facilita la vida empresarial
  • La fiscalidad empresarial es un 35% inferior a la media de la OCDE; lo que favorece la creación y atracción de empresas.
  • Los impuestos de la renta de los trabajadores son más bajos que en España
  • Los impuestos sobre la riqueza son también más bajos que en España
  • La presión fiscal -% impuestos/PIB- es más alta que en España, pero el esfuerzo fiscal -%impuestos/renta per cápita- es mas bajo.
  • El copago sanitario y el cheque escolar están implantados.

Grecia, como es bien sabido es una democracia fallida, que incapaz de gobernarse por si misma hace tiempo está en manos de la llamada “troika” , es decir de sus acreedores como las empresas en concurso de acreedores. Para llegar a ser como Grecia bastaría con aplicar las políticas populistas que los partidos “progresistas” españoles proclaman por doquier:

  • Más gasto público, mas déficit y mas deuda externa.
  • Mas salario mínimo, mas centralización de la negociación colectiva, mayores cuotas sociales y costes de despido.
  • Mayores impuestos al trabajo y al ahorro que al consumo.
  • Consolidación y crecimiento de las trabas al libre mercado así como de la fragmentación del mercado nacional.
  • Protección de los viejos sectores e intereses económicos frente a la irrupción de los nuevos.
  • Inexistencia del cheque escolar y del copago sanitario.

Según Jordi Maluquer, en su obra España en la economía mundial (2016), “la peor trayectoria española corresponde al periodo 2007-2014, con una caída media anual de la renta per cápita del 1,47%, frente a los siguientes peores periodos: 1929-1935 con un 1,30% y 1935-1950 con un 1,06%”.

Hay que recordar que la peor crisis económica de nuestra historia, que nos puso al borde del precipicio de la intervención de nuestros acreedores, estuvo originada por una política económica tan “progresista” –como en Grecia– que todavía no nos ha permitido recuperar la renta per cápita de 2008: casi una década perdida, mientras que los países menos endeudados volvieron a disfrutar pronto de crecimientos económicos que han aumentado la distancia con nosotros.

Aplicando medidas sensatas –en buena parte “europeas”– y aún siendo mejorables, España está saliendo de la crisis y liderando el crecimiento europeo, y así para Juan José Toribio, en una crónica publicada por Comentarios de Coyuntura Económica (IESE, diciembre 2016), sostiene queEspaña está “Mejor que nunca (por extraño que parezca)” ya que estamos atravesando “el mejor periodo coyuntural de nuestra historia”.

Las seis razones que justifican que estemos mejor que nunca –a pesar de los agoreros “progresistas” que tanto abundan en España– son las siguientes:

  1. Gozamos de una tasa –encadenada– sustancial de crecimiento; es decir de una expansión económica superior a nuestro crecimiento potencial ­(aumentos de la población activa y de su productividad­).
  2. El crecimiento se está mostrando constante en el tiempo; no se alterna con contracciones.
  3. El crecimiento es armónico al estar basado en la inversión y las exportaciones, lo que implica sembrar para el futuro.
  4. El crecimiento se ve acompañado de un mantenimiento de los precios, lo que evita que la función productiva se vea distorsionada.
  5. El crecimiento coexiste con equilibrio en las transacciones con el exterior; algo insólito en nuestra historia económica en la que los déficits de la balanza de pagos ahogaban la expansión de la economía.
  6. La creación de puestos de trabajo acompaña el crecimiento económico, incluso lo supera; algo excepcional.

“La consecución simultánea de los seis objetivos básicos mencionados –sostiene Toribio– no se ha producido nunca en la historia de ningún país, incluido España”, pero no estamos libres de amenazas –como las reseñadas anteriormente– por lo que “es urgente ajustar el déficit y la deuda del sector público así como la necesidad de introducir reformas estructurales que de una vez por todas garanticen el pleno empleo y modernicen el aparato productivo español.

Tras una década perdida como consecuencia, no de la crisis internacional sino de una pésima e irresponsable política económica*, España tiene hoy la oportunidad histórica de recuperar el tiempo perdido en términos de crecimiento económico y del empleo, pero sobre todo de nuestra productividad y de la consecuente renta per cápita, únicos sostenes posibles de nuestro Estado de Bienestar a largo plazo; es decir, de converger con Dinamarca mientras nos alejamos a toda velocidad de Grecia.

_

*En el periodo 2009–2015 países como Australia, Singapur, Corea y EE.UU. han incrementado su distancia en renta per cápita con España en un rango entre el 53% y 30%% .

 

 

twitter_icon_box