Con todas sus imperfecciones nuestra actual democracia ha sido hasta ahora “la mejor de todas las posibles” –recordando a Karl Popperhablando de nuestro mundo actual– además de parangonable con las de los países más civilizados.

Su regeneración puede y debe ser paralela con la regeneración ética y moral de nuestra sociedad, que curiosamente lejos de utilizar la libertad democrática para afirmar y desarrollar su responsabilidad individual la ha venido dejando cada vez más en manos del Estado al que cada vez más españoles fían más parcelas de su vida: las pensiones, el trabajo, la casa, la educación, la salud,….en un curioso regreso a un reciente pasado paternalista al que parece –incomprensible y absurdamente– que quisiéramos regresar.

La popular frase italiana –tan graciosa como desgraciada– :”¡piove, porco governo!” se ha venido imponiendo cada vez más en la España de nuestros días; y de este modo los ciudadanos, en vez de resolver sus problemas por si mismos, sin que medie en muchos casos esfuerzo alguno terminan echando la culpa al gobierno de turno de sus asuntos.

Uno de los problemas de mayor enjundia en la España de nuestros días es el desempleo que está necesariamente asociado a dos factores: el marco institucional que regula el mercado de trabajo y la formación de los trabajadores. Aquí los políticos y la sociedad están mayormente de acuerdo en equivocarse a la vez.

Los políticos propiciando una rígida regulación del mercado de trabajo que conlleva necesariamente a nuestro triste y recurrente liderazgo en desempleo. Los trabajadores y los empresarios prestando muy escaso interés por la formación que hoy resulta ser muy asequible y desde luego relevante para encontrar un empleo. Los padres oponiéndose –junto con ciertos partidos políticos– a una educación seria con deberes y reválidas, que luego facilita encontrar trabajo. Por último, la sociedad española actual –no la de hace unas décadas– desprecia aquello que Julián Marías –según el último libro de su hijo Javier– solía decir: “no hay trabajo malo, mientras no haya otro mejor”.

La creciente y ya muy generalizada confianza de los españoles en el Estado, es doblemente preocupante: en el orden moral por la pérdida de libertady responsabilidad personal que significa, y en el orden económico porque el Estado español está tan endeudado que sus posibilidades de financiación de los supuestos “derechos sociales” en presencia de un creciente envejecimiento de la población….¡son nulas!

En las descritas circunstancias la sociedad española y el Estado deben hacer sus deberes:

  • La sociedad recuperando el ejercicio de su libertad, asumiendo sus responsabilidades y buscándose la vida de la mejor manera posible.
  • El Estado, a partir de unas cuentas públicas equilibradas –que como en la actual Suecia hagan imposible que las nuevas generaciones carguen con el coste de las precedentes–, debe facilitar igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos, gobernar para todos en vez de para unos pocos y proteger a los débiles.

La regeneración de la democracia en España exige al menos:

  • La eliminación de todo tipo de subvenciones a partidos políticos –salvo ayudas a las campañas electorales–, sindicatos y organizaciones empresariales.
  • La sustitución de las actuales subvenciones –decididas con criterios políticos clientelares– a organizaciones de todo tipo por un sistema de mecenazgo privado.
  • La reforma del actual sistema electoral –que conlleva que gobiernen coaliciones de perdedores tras las elecciones– mediante circunscripciones unipersonales y segunda vuelta para que la meritocracia –en vez de la mediocridad– se instale en la política y los gobiernos sean estables.
  • Independencia de la justicia mediante la abolición del actual órgano del poder judicial y el sometimiento de la carrera judicial al mismo y muy reputado sistema de la carrera militar.

Todo lo dicho debe completarse con La 4ª revolución que debe acometer España –junto con los demás países occidentales– para hacer frente al mundo globalizado en el que estamos insertos, porque al decir de los autores de dicha tesis – John Micklethwait y Adrian Wooldridge– la salud democrática de Occidente está en crisis por tres razones:

  • El crecimiento del Estado reduce gradualmente la libertad.
  • Los grupos de presión se ven favorecidos por un Estado en expansión.
  • El Estado hace promesas que no puede cumplir.

La citada 4ª revolución no es una quimera; ya la ha hecho Suecia con reformas fiscales, del mercado de trabajo, la sanidad, las pensiones, la educación… habiendo conseguido mantener un elevado bienestar social mientras reducía la dimensión de su gasto público con una relativamente baja –la mitad de España– deuda pública y el regreso al crecimiento económico. En el periodo de crisis 2009-2015 el crecimiento acumulado de la renta per cápita de Suecia a sido del 11% frente a un 13% de caída de la española; mientras tanto Suecia ha mantenido su nivel de deuda pública como % del PIB cuando España la duplicaba.

Es lamentable que en presencia de experiencias de éxito como la citada todos los partidos políticos españoles estén tácitamente de acuerdo en hacer –en grados diversos– todo lo contrario de quienes habiendo afrontado adultamente sus problemas los han resuelto para poder afrontar el futuro con esperanza.

 

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