Agobiados por la crisis financiera y económica que nos asola, corremos el riesgo de prestar atención a lo inmediato, mientras se desatienden los factores que además de ayudar a la recuperación de nuestra economía pueden sentar las bases de un nuevo crecimiento económico sostenible.

El notabilísimo crecimiento del PIB español experimentado durante los últimos años, estuvo mayormente soportado por actividades de bajo valor añadido, como pone de manifiesto el comportamiento de la renta por ocupado que ha venido descendiendo, versus UE-15, desde 1994 hasta hoy. Una obvia y muy importante consecuencia del modelo de crecimiento español, es su reflejo en la renta per cápita; el verdadero exponente de la riqueza de un país.

Si en el reciente pasado, cuando nuestro PIB crecía mucho, la renta per cápita lo hacía menos, ahora en plena crisis está llegando incluso a disminuir tal y como oportunamente este periódico publicó recientemente con el sintomático título de “La renta de la lechera”.

Para que España recupere la senda del crecimiento económico es condición necesaria que el sector inmobiliario en particular y también otros sectores industriales como el automovilístico, el turismo etc. vuelvan a alcanzar los máximos niveles de actividad sostenibles a largo plazo. De este modo, regresaríamos al pasado, pero si queremos crecer también en renta per cápita, hace falta algo más.

Este algo más no es otra cosa que actividades de alto valor añadido, basadas en las nuevas tecnologías y la innovación, empleadoras de trabajadores de elevada cualificación y en consecuencia, remuneración.

El sector TIC representa la quintaesencia del modelo de crecimiento más deseable para España. Sus trabajadores disfrutan de una muy elevada estabilidad en el empleo, salarios superiores a la media y formación profesional muy adecuada para cualquier futuro previsible, lo que no es fruto de la casualidad.

Existe una muy estrecha relación – esta vez causal – entre el nivel tecnológico, la intensidad innovadora del sector y la calidad de su crecimiento, que se traduce en una mayor renta por empleado, que impulsa al alza la renta per cápita.

Los datos más recientes del sector ponen de manifiesto su resistencia a la crisis económica: manteniendo su nivel de actividad, a pesar de todo; conservando el empleo, en presencia de una generalizada caída del mismo y apostando decididamente por la I+D, que lidera a nivel nacional.

No es extraño, llegados aquí, que AETIC la patronal del sector TIC, haya presentado recientemente un manifiesto cuyo título es tan conciso como explicativo: “La solución es digital”. De este modo, veníamos a decir que no es imaginable un futuro deseable para España que no esté sustentado en la electrónica, las tecnologías de la información, las telecomunicaciónes y la I+D.

Siendo, por todo lo dicho, obvio que el mejor porvenir posible de nuestro país pasa por el mejor desempeño posible del sector TIC, cabe preguntarse cuán difícil y costoso sería auspiciar su máximo desarrollo y con él, el de la economía española.

Desde un punto de vista presupuestario, los recursos financieros públicos necesarios para optimizar el crecimiento del sector TIC son muy limitados e inferiores a muchos de los desembolsos comprometidos en proyectos con tasas de retorno muy inferiores, si no negativas.

Al tratarse de un sector cuya demandad de inversión es esencialmente privada, la regulación de los mercados cumple una función crucial al establecer las reglas de juego; que deberían estar orientadas a la maximización de la inversión tecnológica y la innovación.

Si a las positivas consecuencias del crecimiento del sector TIC se le suman las economías externas generadas en beneficio de la productividad de los demás sectores económicos y del bienestar social, resulta tan obvia como perentoria la necesidad de políticas públicas a favor de una salida digital a la crisis.

Entre las medidas de mayor urgencia e impacto, cabe señalar:

  • La regulación del despliegue de las nuevas redes de banda ancha de muy alta velocidad, que debería posibilitar el liderazgo mundial de España.
  • El incremento de los recursos del Plan Avanza, que tan buenos resultados produjo en el reciente pasado.
  • “Apagón del papel” en las Administraciones Públicas cuyas relaciones con los ciudadanos deben ser telemáticas o en todo caso, electrónicas.

Además de actuaciones, como las anteriores, destinadas a fomentar la demanda productiva y social de las TIC, es necesario abordar también políticas industriales que acrecienten la oferta tecnológica nacional. Se trata de aprovechar el despliegue de la sociedad de la información para desarrollar la industria nacional, atrayendo  inversiones tecnológicas extranjeras al hilo de despliegues pioneros de nuevas redes de telecomunicaciones, al tiempo que se apoya la consolidación y crecimiento de los tejidos industriales existentes y se facilita la financiación, mediante capital riesgo, de nuevas aventuras empresariales de base tecnológica innovadora.

Con muy escasos recursos financieros públicos y adecuadas políticas regulatorias, tecnológicas e industriales, España puede salir de la crisis liderando muchos ámbitos TIC que definirán el mejor futuro posible de las naciones.

Jesús Banegas Núñez

Presidente de AETIC

28 de abril de 2009

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ABC

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