Nadie sabe a ciencia cierta cuándo saldremos de la crisis económica que hoy asola nuestro país, ya que el futuro es imposible conocerlo en tiempo presente. Ha habido y sigue habiendo –los periclitados historicistas de siempre- quien lo intenta, pero es un vano esfuerzo. El futuro depende de lo que hagamos mañana y ello dependerá de lo que pensemos entonces; pero ¿quién sabe lo que pensará en el futuro?

Si bien no sabemos cuándo saldremos de la crisis, si que conocemos bastante bien lo que puede ayudar y perjudicar el proceso. Puesto que vivimos una crisis de consumo es más lógico que el dinero esté en los bolsillos de la gente que en manos del Gobierno.

Bajar los impuestos favorece la salida de la crisis, mientras que aumentar los gastos corrientes la perjudica. Aumentar los salarios de los funcionarios públicos muy por encima de la inflación esperada, además de generar déficit fiscal improductivo, crea una gratuita e injusta presión sobre los salarios de las empresas `privadas que les resta competitividad. Estando archidemostrada la correlación entre subidas salariales y desempleo en épocas de bajo o nulo crecimiento, ¿a qué viene presumir de subir los salarios públicos, el salario mínimo y otros gastos sociales muy por encima de lo que es recomendable?

Al cabo de un  año, 2008, en el que España ha desempleado nueve veces más trabajadores que el resto de países de la UE, y en presencia de recomendaciones  unánimes procedentes de todos los más prestigiosos foros independientes, tanto nacionales como internacionales, que llaman la atención acerca de la extraordinaria rigidez del mercado laboral español y su obvia relación con el desempleo: ¿A qué esperamos para reformarlo? ¿Hasta cuándo seguiremos teniendo un marco dual de relaciones laborales; con la mitad del empleo regulada con extrema rigidez y el resto con la más amplia laxitud? ¿Por qué no imitamos países como Holanda y Dinamarca, líderes en flexibilidad, bienestar social y nivel de empleo?

La inversión pública, no recurrente – la que en el futuro no cabe repetir – puede ser un recurso para aumentar la demanda agregada y por tanto la actividad económica, pero con la condición de que su tasa de retorno supere su coste de oportunidad. Puesto que España depende de la financiación exterior, cada vez más escasa y cara, habrá que tener extremo cuidado para que la deuda pública no reste financiación para inversiones privadas más productivas para nuestro país.

Además de gestionar con rigor y prudencia los recursos públicos y reformar el marco de relaciones laborales, es necesario liberalizar aquellos sectores todavía insuficientemente competitivos, limitar las abundantes y crecientes prácticas administrativas de las comunidades autónomas que además de fragmentar el mercado restan libertad a las actuaciones empresariales y además y sobre todo apostar abierta y resueltamente por la tecnología, la innovación y la educación, en tanto que factores claves para la recuperación de la economía.

La recuperación, cuando vaya volviendo la confianza a los agentes económicos, será más rápida si las cuentas públicas están saneadas, la presión fiscal sobre las empresas –incluidos los costes de seguridad social- es menor que la  de nuestros competidores  y el marco de relaciones laborales más flexible.

Para entonces habrá que haber hecho algunos otros inexcusables deberes relacionados con la transformación de nuestro modelo de crecimiento.

La salida de la crisis será digital, o no será. El sector de la electrónica, las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, eTIC, posee las claves y la energía potencial necesaria para seguir creciendo y difundiendo al resto de la economía mejoras de  productividad y competitividad con las que producir la necesaria metamorfosis de una economía basada en actividades de escaso valor añadido hacia otra sustentada en la inversión tecnológica,  la innovación y empleos de alta cualificación y remuneración.

Para salir de la crisis es necesario y perentorio: invertir seriamente en infoestructuras y  equipamientos eTIC en nuestros hogares, empresas y Administraciones Públicas, impulsar la oferta tecnológica nacional, fomentar  la demanda desde todos los ámbitos económicos y sociales  y trabajar por la sostenibilidad de nuestro medio ambiente sobre la base de las innovaciones tecnológicas electrónicas.

Se trata de salir de la crisis, pero no de cualquier manera; sino mediante la metamorfosis de nuestro modelo de crecimiento.

Jesús Banegas Núñez

Presidente de AETIC

2 de febrero de 2009

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El Nuevo Lunes

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