Entre el “protocolo” y Mancur Olson

Si entendemos por crisis la incapacidad de la economía española para crecer y crear empleo, no es seguro que transcurrido el presente año, en 2012 y en adelante vayamos a salir de ella, salvo que se aborden sin demora las reformas estructurales que harían posible la restitución de la confianza de los agentes económicos, y con ella, las apuestas empresariales para crear riqueza y puestos de trabajo.

Si la economía española fuera un enfermo grave o accidentado que hubiera que tratar en un hospital de alto nivel, le sería de aplicación el “protocolo médico” del caso; es decir, no se perdería tiempo en decidir lo habría que hacer, simplemente se aplicaría el plan prescrito por la ciencia médica, para a continuación deliberar sobre sus aspectos singulares y diferenciales para decidir que seguir haciendo en adelante.

Los problemas y soluciones de la economía española no plantean discusión alguna entre los expertos; estaríamos por tanto ante una cuestión “protocolaria”, si no fuera porque “la política” no acaba de asumirlo por razones meramente ideológicas ajenas a la realidad económica.

Hubo un tiempo de economías cerradas y monedas nacionales, que posibilitaban políticas proteccionistas y devaluaciones que podían revitalizar artificiosamente la economía, aunque con resultados muy cortoplacistas. Sin soberanía monetaria y en una economía abierta, estos artificios son impracticables y sólo la ortodoxia económica cobra sentido para salir de las crisis.

Puesto que la crisis económica que vivimos está asociada a otra financiera que afecta a la viabilidad de muchas empresas por falta de liquidez, es preceptivo restituir el crédito, lo que exige hacer tres cosas a la vez: equilibrar las cuentas públicas, sanear las entidades financieras insolventes y generar confianza en los mercados internacionales con los que estamos endeudados.

Para generar confianza en los mercados, además de sanear el sector público  y el sistema financiero, hace falta que la economía vuelva a  crecer, pues es la única manera de garantizar la devolución de los préstamos recibidos.

Crecer, es por tanto, más necesario que nunca. Japón ha sobrevivido con relativa dignidad durante años de escaso crecimiento y alto endeudamiento público, porque su elevado nivel de ahorro no hacía necesario recurrir a los mercados financieros internacionales. En el caso de España, crecer es hoy un doble imperativo: para mantener el crédito exterior y para seguir aumentando nuestro  bienestar.

¿Y qué hace falta hacer para volver a crecer?  Desde luego, que el modelo económico del reciente pasado: inmigración, salarios bajos, y demanda interior,  no es repetible. Ahora toca crecer sobre la demanda exterior, lo que exige niveles de productividad y competitividad elevados y crecientes, y ello solo es posible con más tecnología, más innovación y mejor educación.

Un mercado interior fragmentado, un marco de relaciones laborales rígido, proliferación de empresas públicas -ahora autonómicas- , sectores todavía ajenos a la competencia, regulaciones -horarios comerciales- restrictivas de la actividad económica, fiscalidad empresarial anticompetitiva,  energía cara, plazos de pago y morosidad desmesurados, etc… limitan severamente la vida de las empresas y estrangulan las posibilidades de volverá  crecer.

He aquí, pues, un una buena lista de reformas necesarias y posibles, es decir “protocolarias”, que conforme pasa  el tiempo es más difícil de explicar porqué no se llevan a cabo.

La economía española, cada vez que ha estado sometida a políticas “protocolarias” – lo que había que hacer en cada caso- ha respondido con éxito: Plan de Estabilización en 1959, ingreso en las Comunidades Europeas en 1986 e integración en la Unión Monetaria Europea en 2002.

Estamos ante un nuevo desafío cuya naturaleza es tan bien conocida como el modo de afrontarlo con éxito. ¿Por qué no se actúa entonces? La respuesta quizás haya que encontrarla a través de Mancur Olson, quién en 1982, en su libro: “The Logic of Collective Action: Public Goods and the Theory of Groups”  explicó el nacimiento y declive de las naciones en términos sociológicos.

Según el autor: “En las sociedades, con el tiempo, tienen a formarse en pequeñas coaliciones. Grupos como los cultivadores de algodón, los productores de acero y los sindicatos de trabajadores tendrán los incentivos para formar grupos de presión y para influir en la política a su favor. Las políticas resultantes de estas presiones tenderán a ser proteccionistas y contrarias a la innovación tecnológica, y finalmente comprometerán el crecimiento económico. Pero, dado que los beneficios de estas políticas se concentran en los escasos miembros de estos grupos de presión, en tanto que los costes están difuminados por toda la población, la lógica dicta que habrá poca resistencia pública contra ellas. Por lo tanto, con el paso del tiempo, según estas coaliciones aumenten de tamaño y número, la nación afectada entrará en un declive económico”.

Jesús Banegas Núñez

Presidente AMETIC

9 de febrero de 2011

_____________________________________

El Nuevo Lunes

twitter_icon_box